jueves, 2 de enero de 2014

Médulas de Caldesiños

Justo antes de entrar en la carretera que va a Bembibre, podemos divisar las Médulas de Caldesiños, un claro ejemplo de la presencia romana en estas tierras.

Médulas de Caldesiños
Las Médulas, son el resultado de una explotación minera romana de donde se extraía oro a través del sistema "Ruina Montium"
Los mineros romanos creaban una red de pozos y galerías sin salida dentro de la montaña, en los que introducía de súbito un enorme caudal de agua almacenado en grandes balsas a mayor altura. Esto producía la compresión del aire en los túneles y actuaba como un explosivo. La montaña se desmoronaba y el agua formaba un conglomerado que se arrastraba hacia los canales de lavado de donde se extraía el oro.
Se calcula que en las minas del noroeste, los romanos extrajeron unos 200.000 kg de oro.

Gráfico explicativo del sistema "Ruina Montium"

Invierno


Foto de David Bembibre Gonzalez (2013)

Foto de David Bembibre Gonzalez (2012)

Foto de Lucía Macho Sanchez (2009)

Foto de Lucia Macho Sanchez (2009)


Otoño







Fotos de David Bembibre Gonzalez (2013)

martes, 17 de diciembre de 2013

Os mouros de Vila de Sen

Hay en Bembibre junto al antiguo "Castro de Vila de Sen", un prado conocido popularmente como "Cemiterio Vello o dos mouros de Vila de Sen" (véase el apartado de "Historia de Bembibre" del blog). 
Uno puede pensar al leer "mouros", que es la traducción de "moros" en gallego. Sin embargo el significado de "mouro" no tiene nada que ver con los musulmanes.
Según la mitología gallega, los mouros son seres sobrenaturales de gran fuerza que construyeron castros y túmulos megalíticos. Se dice que cuando un mouro golpea con un pie la tierra, ésta se abre.
A los mouros se les considera los primeros pobladores de Galicia. Fueron expulsados hace siglos, pero cuenta la leyenda que no todos se marcharon, muchos se quedaron a vivir en lugares escondidos bajo tierra, donde tenían grandes palacios. Todos ellos vivían suntuosamente, vestían con ricos ropajes y tenían toda clase de joyas.
Teóricamente los mouros eran invisibles y solo se les podía ver en ocasiones muy concretas: al amanecer, al anochecer o más frecuentemente en la Noche de San Juan.
Mientras que los mouros eran gigantes forzudos, las mouras tenían otro aspecto, eran mujeres bellísimas, de cabello largo y rubio, que se aparecían como serpientes a las que había que desencantar. 

Dibujo de una moura
A las mouras se las relaciona con los petroglifos, misteriosos dibujos en piedra que harían con su talón.
A lo largo de la historia se han encontrado muchas joyas bajo castros y dólmenes que han sido relacionadas con la existencia de los mouros.
A continuación os dejo un enlace de un documental muy interesante sobre mitología gallega, en el cual se habla de los mouros y otros personajes mitológicos.



martes, 26 de noviembre de 2013

¿De dónde vienen los castaños?

Una de las primeras cosas que más llama la atención al entrar en Bembibre es un precioso castaño centenario. No es el único afortunadamente, podemos encontrar otros muchos en la aldea. 
Sin embargo, hubo un tiempo en el que los castaños no formaban parte de este paisaje, ya que fueron los romanos los que introdujeron este magnífico árbol en la Península Ibérica.
El castaño ocupó el lugar predominante que había tenido hasta entonces la encina y pasó a ser la principal fuente de alimentación. 
La castaña contribuyó sin duda a la supervivencia de los moradores de la zona en épocas de hambruna. Hay que tener en cuenta que casi la mitad de la composición de la castaña está formada por hidratos de carbono. Ello la convierte en un alimento muy energético, ideal para apaciguar el hambre.
Además este árbol ha servido como valioso y sólido proveedor de madera para la construcción.
Gracias a los romanos, hoy podemos contemplar impresionantes ejemplares de castaños centenarios que ya forman parte del típico paisaje gallego.

Castaño centenario a la entrada de Bembibre

domingo, 17 de noviembre de 2013

Fiadeiro de Historias

"O fiadeiro" era el lugar donde las mujeres se reunían para "fiar" que significa "hilar" en gallego. Este espacio suponía para las mujeres una oportunidad única para poder hablar libremente sin la presencia de hombres.

En estas reuniones las mujeres charlaban y se divertían contando historias que en ocasiones tenían un toque "picante".

Voy a transcribir dos de esas historias de fiadeiro que me contaron hace años en Bembibre...



La gaita de Matías

Había una vez una rapaciña que se casó con un gaiteiro llamado Matías. El gaiteiro se pasaba día y noche tocando felizmente, pero un buen día cayó enfermo. 
Ya en el lecho de muerte, le pidió a su mujer su última voluntad: que fuera enterrado junto a la gaita que tantos momentos buenos les había dado. La mujer le prometió que así sería.
Llego el día del entierro y la mujer aprovechó un momento sin que nadie la viera para meter la gaita junto a su difunto marido. Pero la tapa del ataúd no se cerraba, así que no le quedó más remedio que meterle la gaita entre las piernas.
Camino del cementerio, iba la mujer llorando detrás del ataúd diciendo:
¡Ay Matías, Matías con la gaita que tienes entre las piernas cuánto me divertías!
La gente del pueblo la miraba asombrada, pensando que la mujer se refería a otra gaita.



El gato negro

Cuentan que un día de feria una niña fue a ver a una vieja meiga para que le predijera el futuro. La meiga le leyó la mano, cuando terminó, la niña le dio las gracias y se dispuso a irse. Pero la anciana le dijo que antes de marcharse tendría que pagarla. Como la niña no tenía dinero, la meiga le echó una maldición:
- ¡Ojalá te salga un gato negro entre las piernas!
Pasaron los años y un buen día la niña se dio cuenta de que le estaba saliendo vello entre las piernas. La niña se acordó de la maldición de la meiga y pensó que le iba a salir un gato negro. Asustada, se fue a ver a su abuela y le contó lo sucedido. La abuela se echó a reír y levantándose las enaguas le dijo
- No te preocupes tonta, si ese gato lo tenemos todas, mira
La nieta la miró sorprendida y llorando le respondió
- Si, pero el tuyo es blanco


miércoles, 13 de noviembre de 2013

El "Entroido" de Viana do Bolo

El entroido o carnaval de Viana do Bolo es una fiesta ancestral, vivida con gran intensidad en la zona.
Tanto es así que los preparativos comienzan después de Reyes.

En la plaza de Viana se colocan en un poste los "lardeiros", que son dos muñecos de hierro rellenos de paja, que representan un hombre y una mujer.

La noche anterior al "jueves de compadres", las mujeres son las encargadas de perseguir a los hombres para robarles una prenda y colocársela al "Lardeiro". El jueves los hombres salen de cena y después persiguen a las mujeres para echarles harina.

A la semana siguiente es el turno de las mujeres y sucede lo contrario. Es el "jueves de comadres", las mujeres quedan para cenar y después salen y persiguen a los hombres para echarles harina. La noche anterior son los hombres los que roban una prenda a las mujeres para colocársela a la "Lardeira". 

El viernes se celebra una fiesta de disfraces para niños y mayores, juntándose todos de noche para ir de "fulionada" por calles y bares de la villa. Los "fuliones" son grupos de personas que tocan un mismo son con azadas y grandes tambores de piel. Cada son proviene de una aldea.


El "Domingo Gordo" es el día grande del carnaval. Desde bien temprano, la Banda de Gaitas del Ayuntamiento recorre las calles con alboradas para despertar a vecinos y visitantes. Después hay un gran desfile en el que participan "fuliones", "boteiros", carrozas y grupos de gente disfrazada.

Tras el desfile, se celebra en el Pabellón de Viana la Fiesta de la Androlla, que consiste en una gran comida donde además de androlla, pueden degustarse otros productos típicos de la zona como el caldo gallego, los "Vianos" (bombones rellenos de miel) y la queimada.

El lunes es el día dedicado a los niños, con desfiles, concursos y pasacalles en los que los más pequeños son los reyes de la fiesta. 

El martes es el penúltimo día del Entroido. El folión recorre las calles y se despide hasta el año próximo. Disfrazados y cargados de harina, los participantes en la fiesta, recorren las calles hasta la hora del baile y de los concursos de disfraces. Al día siguiente, Miércoles de Ceniza, tiene lugar la procesión del entierro de la sardina.