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jueves, 2 de enero de 2014

Médulas de Caldesiños

Justo antes de entrar en la carretera que va a Bembibre, podemos divisar las Médulas de Caldesiños, un claro ejemplo de la presencia romana en estas tierras.

Médulas de Caldesiños
Las Médulas, son el resultado de una explotación minera romana de donde se extraía oro a través del sistema "Ruina Montium"
Los mineros romanos creaban una red de pozos y galerías sin salida dentro de la montaña, en los que introducía de súbito un enorme caudal de agua almacenado en grandes balsas a mayor altura. Esto producía la compresión del aire en los túneles y actuaba como un explosivo. La montaña se desmoronaba y el agua formaba un conglomerado que se arrastraba hacia los canales de lavado de donde se extraía el oro.
Se calcula que en las minas del noroeste, los romanos extrajeron unos 200.000 kg de oro.

Gráfico explicativo del sistema "Ruina Montium"

martes, 29 de octubre de 2013

"Os fuxidos"

Al terminar la Guerra Civil Española, muchas son las personas implicadas en movimientos de izquierdas que por miedo a ser ejecutadas durante la dictadura franquista deciden huir, son los denominados "huidos" o "fuxidos".

Estas gentes, en ocasiones simples simpatizantes de izquierdas se escondieron mayoritariamente en sus casas o casas de familiares, siendo en principio una minoría la que buscó refugio en el monte.
A estos primeros huidos se fueron añadiendo desertores y evadidos de penales y campos de concentración. Estos grupos dispersos fueron el germen de las posteriores agrupaciones guerrilleras.
La Federación de Guerrillas de León-Galicia fue una organización guerrillera antifranquista creada en 1942 con grupos de León, Orense y Lugo. El objetivo de la Federación no era derribar el franquismo mediante la lucha armada, sino mantener viva la llama de la resistencia hasta que se produjera la intervención de las potencias aliadas que todos daban por segura.
La Federación actuaba en el oeste de León (El Bierzo, Laciana, Cabrera, Maragatería), norte de Zamora (Sanabria), este de Orense (Viana del Bollo, Puebla de Trives, El Barco de Valdeorras) y sureste de Lugo (Fonsagrada, Becerreá y Quiroga).
Desvinculados de los partidos y sin ayuda externa, los guerrilleros vivían de lo que les daban sus enlaces (población civil que colaboraba con ellos) y, sobre todo, de los golpes económicos, ejecutados siempre contra personas afines al régimen franquista, y cuyo resultado se destinaba normalmente a la compra de armamento en el mercado negro de Portugal. La guerrilla también daba charlas políticas entrando por sorpresa en los pueblos, y hacía abundantes sabotajes contra los vehículos de línea y el tendido eléctrico.
Los guerrilleros pasaban largas temporadas ocultos en casas de toda confianza, individualmente o por parejas. Cuando el peligro era mayor, se refugiaban en la sierra del Eje, territorio libre para los guerrilleros durante varios años. La vida era dura en el monte, pero no faltaba la caza ni el agua. También era frecuente la marcha por el monte, a veces durante meses, caminando de noche y descansando de día.




lunes, 21 de octubre de 2013

Balneario de Bembibre



Fuente del Balneario
Los romanos, expertos en esto del aprovechamiento de las aguas medicinales, seguramente fueron ya uno de los primeros en beneficiarse de los manantiales que todavía fluyen en la localidad vianesa de Bembibre. Pero fue la iniciativa de un empresario vianés, el doctor José Manuel Armesto López, la que hizo posible la creacción de un balnario por el que pasaron a lo largo de décadas numerosos visitantes.

La postguerra y la penuria económica de aquellos años fue diezmando las visitas y las instalaciones cerraron en 1958.

Los manantiales se encuentran a unos quinientos metros de Bembibre. Armesto adquirió los terrenos en 1894 y construyó una edificación destinada a balneario. En los años siguientes, la calidad de las aguas y su poder curativo traspasaron fronteras y propiciaron el desarrollo del negocio que se completó con una edificación más que en su día albergó el hotel.


El complejo siguió creciendo en los años siguientes. A las instalaciones se añadiría otro inmueble, actualmente en ruinas y alejado del hospedaje donde se trataba a los enfermos con chorros de agua a presión.

El agua procedía del calentamiento por vapor que circulaba por un serpentín introducido en un depósito lleno de agua medicinal. Del depósito partía una tubería que desembocaba en los baños. El calentamiento de las aguas se llevaba a cabo en un edificio diferente al balneario donde un empleado se encargaba alimentar la caldera con leña de roble y carbón.

La popularidad y disfrute de las aguas de Bembibre se remonta a siglos atrás. Autores y médicos escribieron una interesante bibliografía, consiguiendo perpetuar su fama legendaria.

Las reseñas todavía hoy se conservan y se pueden consultar en la Biblioteca Nacional y en la Facultad de Medicina de Madrid.

Las primeras noticias que se tienen de estos manantiales se remontan al siglo XVI y se hallan contenidas en una obra publicada por el licenciado Molina en el año 1551: "Descripción del Reino de Galicia y de las cosas notables de él". En ella se describen las virtudes de las aguas y el estado de la fuente: "Tapada con unas grandes losas y hay hombres vivos que se acuerden de que habrá sesenta años que fue descubierta, y que en aquel tiempo se venía a ella a curar muchos enfermos".

Los párrafos que se refieren a las peculiaridades del manantial reflejan como estas aguas, con propiedades salutíferas, se llevaron hasta Castilla y Andalucía, donde se envasaron y vendieron por las calles.

Otras referencias históricas fueron aportadas por Francisco Medina, quien conoció y las transmitió de forma rigurosa, dado que en su ejercicio como Abad de Bembibre estuvo directamente en contacto con las noticias que se derivaban de los efectos curativos por la ingestión del agua. Medina califica el agua de "cristalina", asegurando que "el olor es muy malo, como de azufre". Con respecto al sabor constata que es "hediondo, aunque estando al sereno una noche fuera de la fuente en vasija, se pierde el mal olor y sabor, y queda para beber sin fastidio".

Sobre el limo que se deposita en el nacimiento del manantial, el abad dice que no es verde como en las fuentes comunes, sino del color del plomo o estaño con mezcla de otros colores. "Echando una pieza de plata en dicha fuente por espacio de un cuarto de hora, pierde su color natural y se pone muy fea y de colores varios, cerúleos y verdinegros", indica Medina en relación con una prueba hecha por él.

La presencia del azufre en estas aguas minero medicinales se constató ya en aquella época dado su olor y sabor. Además, en las crónicas escritas en el siglo XVII se corroboró la presencia del mineral por los efectos surtidos en los enfermos que bebían el líquido, ya que causan los mismos que los de las aguas donde participa el azufre: curar tullidos, sanar hinchazones, incluso "resolviendo y consumiendo humores fríos".

A finales del siglo XIX, el propietario del balneario, el doctor Armesto, publicó un trabajo de investigación en el que se recogía parte  de las referencias bibliográficas que hasta entonces documentaban la historia de la fuente de Bembibre.

Antes de conocerse los resultados de los análisis encomendados a Juan Areses, farmacéutico de Tuy, las experiencias y observaciones clínicas ya habían demostrado que el agua procedente del manantial de Bembibre "modifica los sistemas nervioso, circulatorio y linfático, reconstituye el organismo y da tono y vigor a todos los órganos", según señala en los textos.

El análisis califica estas aguas como las más radioactivas dentro de las sulfurosas. Son aguas de mineralización débil, bicarbonatadas sódicas, fluoradas, sulfuradas y frías con implicación termal. Sus beneficios medicinales las hacen especialmente indicadas para el tratamiento de enfermedades de la piel, hígado, riñón, reuma, artritis y del aparato respiratorio. También se dice de ellas que son la solución ideal para los catarros de la vejiga, la vagina y el útero.

Historia de Bembibre

En un principio, la aldea no tenía la ubicación geográfica actual, sino que se encontraba en un alto a casi dos kilómetros de Bembibre. Poco a poco la aldea se fue desplazando más abajo, quizá para estar más cerca del río Camba. En dicho alto, se asentaron los primeros pobladores en un Castro Celta llamado Vila de Sen. De él se conserva un bloque granítico con representación antropomorfa, que debió servir como símbolo totémico. 

Símbolo Totémico perteneciente al Castro Celta Vila de Sen
En ese mismo lugar, se construyó en la baja Edad Media un pequeño Monasterio Benedictino, del que apenas puede apreciarse ya uno de los muros. También podemos encontrar en una bodega de Bembibre, una ventana prerrománica perteneciente al Monasterio, esculpida en un bloque granítico cuadrangular.

Restos de uno de los muros del Monasterio

Ventana prerrománica perteneciente al Monasterio
El Monasterio estuvo posiblemente relacionado con la Tebaida Berciana (que floreció de las reglas de San Genadio) y estaba adscrito a otro más importante a seis kilómetros más o menos de distancia, en la parroquia de San Cibrao. En el siglo XIV el Rey Sancho IV el Bravo cedió el Monasterio al obispado de Astorga. A día de hoy, todas las parroquias del Concello de Viana do Bolo, siguen perteneciendo a la Diócesis de Astorga.

Los monjes vivían en comunidad con los aldeanos, alimentándose todos ellos de esas tierras fértiles que rodeaban el Monasterio. Dichas tierras se siguen conociendo popularmente como “Chaira do Crego”, que en castellano se traduce como “Llanura del Clero”.

Junto al Monasterio se encontraba también el cementerio, conocido como "Cemiterio Vello ou dos Mouros da Vila de Sen", donde algunos vecinos dicen haber visto fuegos fatuos. Algunas cajas pétreas se reutilizaron como abrevaderos y podemos encontrarlas en la aldea.
Cemiterio Vello o dos Mouros da Vila de Sen

Como he comentado anteriormente, la aldea se fue desplazando más abajo y muchas piedras de estas construcciones (tanto del Castro, como del Monasterio), se trasladaron para construir las casas que conforman la actual aldea.